Juanjo Andreu es, cuanto menos, una rara avis en este pequeño gran mundo del coleccionismo. Galerista, pintor, coleccionista…, Juanjo lleva 30 años coleccionando piezas africanas; no en exclusiva, pero sí que África ha ido ganando terreno al resto de su colección hasta apoderarse de ella (y del propio Andreu).
Juanjo no colecciona arte africano: vive a través de él. Escucharlo hablando de África, de los innumerables rituales de las numerosas etnias que pueblan aquel continente, de la idiosincrasia de cada pueblo, de su capacidad para hacer fácil lo difícil… Escucharlo, digo, es un regalo al alcance de unos cuantos privilegiados. Dudo que haya mucha gente no ya en España, sino en el mundo entero, que sepa tanto de arte africano y que lo transmita con tanto amor y tanta sencillez, que no simplicidad. No he conocido aún a nadie que no haya salido con la boca abierta después de oír sus charlas sobre cada pieza, a las que trata con el mimo y el cariño, con la devoción con la que trataría a sus propios hijos.
Oír a Juanjo es empezar a amar el arte africano. Reconforta ver gente como él en este mundo lleno de miserias humanas, una persona cuya meta en la vida no es enriquecerse con su colección (no es un anacoreta, pero se le acerca…), sino dar a conocer este mundo al mayor número de personas posibles. Invitarnos a conocer, en definitiva, un arte apasionante, que llega directo al estómago, a las entrañas, con una potencia y una fuerza que rara vez he visto en toda mi vida.
Haber conocido a Juanjo, tenerlo como amigo, es de esas cosas que te reconcilian con el mundo. Sin duda alguna.
viernes, 26 de marzo de 2010
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