viernes, 30 de abril de 2010

Gracias

Creo que he dicho ya lo importante que es ver una exposición cuando alguien te la explica. Más aún cuando nos enfrentamos a un arte como el africano, tan poco conocido.
Pues bien, ayer hice una visita guiada. Dentro de mis limitaciones (Juanjo, cómo te eché de menos), logré, creo, dar un par de pequeñas pinceladas sobre lo que es el arte africano para el hombre africano. Deberíamos mirarnos más en él; más de lo habitual, al menos.
Los visitantes no eran gente corriente. Era un grupo de personas con problemas mentales. Enfrentarte a lo desconocido siempre causa respeto. No sabes si lo estás haciendo bien, si te van a entender, si los aburres o no. Me preocupaba saber expresarme acorde a las circunstancias.
Y una vez más, la vida me enseñó una importantísima lección. De todas las visitas que he coordinado y presenciado, la de ayer me resultó, con diferencia, la más interesante e interesada. El interés manifiesto de la mayoría de ellos por las piezas, por cómo se hacen, lo que simbolizan e incluso por la evolución del hombre africano desde que el occidental decidió meter por allí las narices, fue apabullante. Preguntas tan inteligentes que habrían tumbado de espaldas al más pintado. Y de entre todos ellos, uno (perdóname por no recordar tu nombre), pintor, absoluto amante del arte que nos ilustró con su sabiduría sobre las vanguardias del siglo XX.
Con visitas como la de ayer, te reconcilias con la vida y te asustas de la cantidad de veces que consideramos a otros distintos. No son distintos. O puede que sí: pero para mejor, en muchos sentidos.

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